domingo, 2 de abril de 2017

SECADO DEL POLEN


El polen fresco contiene unos niveles de humedad del 30 al 40%, y a temperatura ambiente fermenta o se produce moho y experimenta la pérdida gradual de sus proteínas, grasas y glúcidos. Por estos motivos, existen dos procedimientos para conservar el polen fresco: enfriarlo o secarlo. En el proceso de secado del polen es necesario llegar hasta niveles de 8%, no permitiendo el crecimiento de bacterias y hongos y retrasando el desarrollo de ácaros e insectos. También se consigue que el polen sea un producto más estable, sin pérdida de su ventajosa composición. Hay algunos factores importantes a tener en cuenta en el proceso de secado: • El secado debe realizarse inmediatamente después de la recolección.


El rango de temperatura de secado es 40-42ºC. A estas temperaturas, el secado se completará entre 2 y 5   horas dependiendo del tipo de secador que tengamos.
• Durante el proceso de secado, hay que manipular lo menos posible el polen y hacerlo con mucho cuidado, ya que se trata de un producto sensible a las roturas y a la contaminación. Tipos de secados Existen básicamente dos formas de secar el polen, clasificándose en función de la utilización o no de elementos mecánicos: natural y artificial. Dentro de estas, existen algunas variantes. En el secado natural, tradicionalmente se seca el polen de forma directa, es decir, dejando que el sol incida directamente sobre éste. Se utilizan bandejas de metal o de madera, de gran superficie y reducido fondo de malla fina, colocadas en estanterías y con un espesor de producto no superior a 1 cm. Para tener un secado uniforme, hay que remover el polen cada cierto tiempo. Este método es muy perjudicial y nada aconsejable por varias razones:
• Los rayos ultravioletas del sol, disminuyen las cualidades farmacológicas (antibiótico, antineoplástico, antidiarreico y antioxidante) del polen.
• El secado al aire es demasiado lento, además, hay que guardar las bandejas al atardecer y cuando llueve.
• Exceso de manipulaciones, que provoca roturas de los granos por desprendimientos de polvo y favorece la contaminación por microorganismos.
• Al no controlar la temperatura se pueden dar sobrecalentamientos que endurecen la parte exterior del grano, dejando el contenido de agua en el interior.


Existe, por lo tanto, una variante de secado natural que disminuye parte de los inconvenientes del secado directo, que es el de forma indirecta, donde las bandejas acostumbran a estar más juntas y dentro de un habitáculo de metal o de madera, que lo protege de contaminantes y de los factores climáticos, teniendo en el interior una temperatura más elevada y constante.
Para terminar, la forma más eficaz para secar el polen es mediante un proceso de secado artificial, con un control de la temperatura y del aire de circulación que lo hacen óptimo, eso sí, con la utilización de energía. Consiste en la circulación de aire calentado o ambiente a través de capas de polen.



bibliografía 
El polen [en línea]. Botanical Online. El polen de las plantas. Propiedades del polen. [Consulta: 17 de noviembre de 2015]. Disponible en: http://www.botanical-online.com/ polen.htm.
Polen [en línea]. Asociación Nacional de Apicultores, Sociedad Cooperativa Apícola de España. [Consulta: 18 de noviembre de 2015]. Disponible en: http://www.anaemiel. com/modules/cjaycontent/index.php?id=13.
Fernández Gutiérrez, Julio Enrique; Ibarra Erazo, Erika Johana. Modelamiento, diseño y automatización de un modelo genérico de secador de polen. Universidad de La Salle, Ingeniería de Diseño y Auto Electrónica. Bogotá: 2007.