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miércoles, 21 de noviembre de 2018

PROPÓLEOS PARA COMBATIR LA VARROA



Modo de preparación del propóleos para combatir Varroa

Se coloca el propóleos en bruto en un recipiente y se agrega alcohol etílico de 96º. Siempre más alcohol que propóleos, sin importar demasiado las cantidades y/o proporciones.
Se deben utilizar alcoholes que sean para tomar, de licorería o de repostería.
Este recipiente con propóleos y alcohol, al que se le puede agregar un 5% de agua destilada, estará en un lugar oscuro y se procurará moverlo, agitarlo o sacudirlo, diariamente, durante no menos de dos semanas. Al cabo de este tiempo se lo filtra con papel de filtro para café. La solución hidroalcohólica resultante, que es de concentración desconocida, puede ponerse en heladera para que se separe y sea retirado el sobrante de cera disuelto en alcohol. El residuo que quedó en el filtro tiene propóleos y se le puede hacer una segunda extracción.



Esta solución obtenida deberá ir al siguiente paso, la evaporación del alcohol. Se hará con una corriente de aire apenas tibio y que no llegue a calentar y deteriorar el producto. Esta tarea es lenta y puede demorar varios días de acuerdo al volumen a evaporar. Cuando el nivel no baje más, podemos pensar que no hay más evaporación o alcohol para evaporar. Tendrá esta tintura una consistencia como de miel. Si se ladea el recipiente, no se vuelca, se desliza lentamente. Esto es el Extracto Blando de propóleos, a partir del cual debemos hacer todas las otras preparaciones.
Modo de preparación
Para la preparación de la solución terapéutica, se puede hablar de dos recetas que en realidad son una, desde su dosis mínima hasta la máxima. Se recompone este extracto blando en solución alcohólica, al 8,5% hasta el 17%. Por ejemplo, para un litro usaremos 85 centímetros cúbicos (cc) de extracto blando en 915 cc de alcohol, en el primer caso y 170 cc. de extracto blando en 830 cc de alcohol, para el segundo caso. Tendremos la solución alcohólica, a diferencia de la inicial, de concentración conocida.
Esta solución alcohólica se mezclará con algún tipo de jarabe. El jarabe a usar es solo un vehículo, debe ser un líquido dulce, de azúcar, JMAF o mejor miel, pero sin interesar demasiado la concentración. También como en el caso anterior hay un mínimo y un máximo: El mínimo, 2% de solución en 98% de jarabe. Máximo; 10% de solución en 90% de jarabe.


La aplicación es rociando o asperjando marcos (no cabezales) y nodrizas. Ello asegura que al ingerirlo para limpiar, lo distribuyen al resto de la colmena. No debe ser aplicado en alimentador, ya que es muy poca cantidad y a la abeja no le gusta. Se darán 50 cc por colmena una vez a la semana, durante tres semanas consecutivas en caso de brote de alguna patología. De acuerdo a si cura o previene y de acuerdo a la intensidad del brote, se usará mayor o menor concentración y curará una, tres o más veces. Es a criterio de acuerdo al estado de las colmenas o las circunstancias. Se puede usar en épocas de mielada, de entrada de néctar y polen o en cosecha, ya que no contamina.





Referencias:
http://api-cultura.com/modo-de-preparacion-del-propoleos-para-combatir-varroa/

lunes, 26 de diciembre de 2016

UN NUEVA AMENAZA PARA LAS ABEJAS


este parásito fue descubierto por recientemente  John  Hafernik, profesor de biología de la universidad estatal de San Francisco.Esta mosca se conocía anteriormente como parásito de los abejorros y las avispas del papel, pero no hasta ahora en las abejas,el parásito  afecta principalmente a las abejas pecoreadoras y puede ser un portador de varias enfermedades, como el virus responsable de la deformación de las alas y nosema ceranae, encontrado en las abejas parasitadas por la mosca.Estas abejas  abandonan la colmena por la noche siendo atraídas por fuentes  de luz provocando algo parecido al síndrome de despoblamiento, es un conducta muy extraña, ya que la abeja  sana nunca  suele abandonar la colmena de noche en condiciones normales.


mosca parasitaria Apocephalus Borealis
Una mosca parasitaria Apocephalus Borealis se observó en las abejas en los EE.UU. California y Dakota del Sur. Esta mosca deposita sus huevos en el abdomen de la abeja, siete días más tarde muere la abeja y un promedio de 13 larvas Borealis Apocephalus   salen del tórax o el abdomen de la abeja, y durante este período el comportamiento de la abeja  cambia. Esta afectando a los EE.UU. occidentales, este parásito podría extenderse por todo el país.  
Cuando observamos a las abejas infectadas, encontramos que se reúnen en círculo, cerca de fuentes de luz, a menudo sin dirección, dijo el autor principal del estudio
Andrew Core. Para los científicos, los virus y los hongos son una de las causas del síndrome de colapso de una colonia (Colony Collapse Disorder, CCD), una enfermedad que afecta a las abejas en el mundo y causa la muerte de muchas colmenas. A menudo se encuentran alrededor de la colmena   abejas completamente desorientadas,   los autores de este estudio examinan el papel  que juega este parásito en el síndrome(Colony Collapse Disorder, CCD) . El fenómeno de esta mosca parásita  se observó por primera en las abejas  una las especies más estudiadas;

 mosca parasitando una abeja

Es poco probable que un parásito como este haya escapado a las investigaciones, pero no se descarta la posibilidad de que podría tratarse de un parásito emergente.
Por ello, los científicos están proponiendo continuar estudiando Apocephalus Borealis porque no sabemos todavía cómo  su parasitación  hace cambiar el comportamiento de las abejas.  Por último, el modo de infección aún no está claro porque las moscas fruto del estudio, se encontraron  a pocos metros alrededor de las colmenas.Parece ser que este parásito es un vector de agentes patógenos


larvas de la mosca saliendo del tórax de una abeja


QUIMIORESISTENCIA



Quimioresistencia

Se denomina así a la resistencia que desarrollan cepas de organismos patógenos a determinados fármacos que usualmente son letales para su especie.
Es un fenómeno de carácter genético y heredable. Cuando una población de seres vivos tiene individuos con algún gen que le permiten una mayor resistencia a una determinada sustancia tóxica que al resto de la población, esta puede ejercer una fuerte presión selectiva si se recibe en dosis tales que sea más letal para estos últimos. Los individuos resistentes tendrán más probabilidad de sobrevivir, reproducirse, y transmitir el gen a su descendencia, de modo que aumentará el porcentaje de la población resistente a esta dosis.
Las mutaciones sucesivas de dicho gen, o la variabilidad genética que permitan que algunos individuos hereden distintos genes que otorguen resistencia al tóxico de forma sinérgica, permitirán la adaptación progresiva de un organismo al tóxico mientras exista esa presión selectiva, alcanzando muchas veces la resistencia total o a dosis muy altas. 


Es sobre todo conocida la quimioresistencia que han desarrollado muchas bacterias, sobre todo en ambientes hospitalarios, a diversos antibióticos en pocas décadas, de modo que actualmente son muy difíciles de combatir. Es por tanto un problema sanitario colosal, ya que la capacidad del hombre por desarrollar nuevos antibióticos parece muy inferior a la velocidad con que las bacterias se adaptan a ellos.
Nótese que si la dosis tóxica de un antibiótico fuera tan baja que no produjera mortalidad ni afectará la reproducción, o tan alta que fuera generalmente letal para los individuos con dicho gen, no existiría esta presión selectiva. A nivel práctico, el problema de la quimiorresistencia no comienza cuando se produce la mutación que otorga cierta resistencia a un medicamento. El problema aparece cuando esa mutación llega a ser muy común en la población, porque se le ha sometido a condiciones en la sólo los portadores de esa mutación sobreviven usualmente. Además, si el gen no está ya en el 100% de la población, la situación puede ser reversible. Si las condiciones cambian, los individuos no resistentes pueden volver a ser predominantes al cabo de unas generaciones, de modo que un medicamento cuyo uso se abandonó por el problema de la quimioresistencia, puede volver a usarse de nuevo con cierto grado de eficacia.
El problema no es exclusivo de las bacterias. Numerosos parásitos también han desarrollado resistencia a antiparasitarios antihelmínticos e insecticidas. En el caso de ácaros, como varroa, han logrado tolerar dosis de tóxicos que serían letales para la mayoría de los individuos de una población normal de la misma especie. Esto pasó en mediados del siglo XX con insectos como las langostas, que fueron combatidas en exceso con DDT y Gamexane, logrando en la década de 1950 a 1960 alimentarse del producto puro, el cual ya no era tóxico para la especie. La apicultura es una de las tantas actividades que desarrolla el ser humano, donde ectoparásitos que atacan a las abejas melíferas, alcanzaron la resistencia a productos como el fluvalinato, piretroide que en un comienzo lograba un 100 % del control del ácaro Varroa. La bibliografía hoy describe resistencia a otros productos como el amitraz, el coumaphos, la flumetrina, y muchos antibióticos utilizados para el control de Loque americana y Loque europea


La aparición de resistencias está muchas veces ligada al mal uso de los medicamentos y plaguicidas, entre los cuales podemos enumerar, tanto para el tratamiento de una persona con faringitis como de una colmena de abejas, lo siguientes:
       No respetar la dosis recomendada (formulaciones caseras o artesanal incorrecta de los principios activos, aplicación por personas carentes de los conocimientos adecuados, etc.)
       Permitir períodos de exposición al medicamento prolongados (tratamientos continuos o preventivos, generalmente innecesarios si se realiza un control de la presencia del agente patógeno, o un control adecuado sobre la eficacia del tratamiento curativo)
       Falta de rotación de productos tóxicos, utilización excesiva con un mismo producto. La rotación disminuye la presión selectiva que pueda ejercer un fármaco determinado, al espaciar sus tratamientos, y por otra parte, el efecto que pueda tener es parcialmente anulado por el siguiente que actúa por igual tanto en organismos sensibles como resistentes al primero. En realidad esto sólo retrasa el problema, ya que finalmente, cuando existan aparezcan organismos resistentes a varios fármacos, la rotación sólo conseguirá seleccionar a los organismos multirresistentes.
Es un fenómeno en el que una parte de la población de individuos toleran las dosis que para el resto de la población de la misma especie son letales. Se debe recordar que la resistencia se transmite genéticamente entre una generación y otra. 


Se han descrito diferentes tipos de resistencia para los insectos que seguramente son válidos también para los ácaros:
       Resistencia metabólica: el insecto presenta mayor capacidad para degradar y eliminar el compuesto tóxico.
       Modificación del nicho de acción: los acaricidas actúan en lugares específicos del sistema nervioso del ácaro que estamos atacando. Una alteración de ese sitio hace que el pesticida aplicado no pueda actuar y disminuye de esta manera su acción letal.
       Penetración reducida: se ha comprobado que este fenómeno asociado seguramente a otros mecanismos, se debe al engrosamiento de la cutícula del ácaro que impide la penetración de los productos que actúan por contacto.
Por el momento se ha determinado solo la resistencia ante este activo, pero el uso indiscriminado de productos caseros nos llevará a situaciones similares frente a otros activos como el coumaphos, el amitraz y la flumetrina. De esta forma, la lucha contra varroa irá acompañada de una permanente aparición de productos a los que en un plazo más o menos prolongado el parásito se hará resistente, teniendo que ser sustituido por otro nuevo. 

OTROS ÁCAROS DE LAS ABEJAS

 



Varias decenas de ácaros se han asociado con las abejas melíferas, pero hasta ahora no se ha demostrado una gran  virulencia de ninguno de ellos, sin embargo, esto puede ser el resultado de la poca y pobre investigación que se ha hecho en estos ácaros.
 braula coeca en la abeja

Los ácaros asiáticos pueden llegar a ser una amenaza para la apicultura (aunque hoy en día no se les asocie con grandes daños, excepto al Varroa destructor), entre éstos tenemos al Tropilaelaps ciareae  Delfinado Baker y al Euvarroa sinhai Delfinado Baker. Ambos ácaros se encuentran confinados en la parte tropical de Asia. Los llamados ácaros externos de las abejas, son  muy
    Tropilaelaps ciareae Delfinado Baker 
 similares al Acarapis woodi; entre éstos están el Acarapis externos Morgenthaler o "ácaro del cuello", llamado así  porque vive en la parte inferior del área donde se unen el tórax y la  cabeza de la abeja, el  Acarapis dorsalis Morgenthaler, que habita en  el mesotórax (parte media del tórax) y el Acarapis vagans Schneider, que suele encontrarse en la base de las alas o en el primer segmento abdominal de las  abejas. Al parecer, estos ácaros se encuentran ampliamente diseminados en el mundo. Se  alimentan de la hemolinfa de su huésped y sus efectos patógenos no han sido aún bien estudiados. 
 varroa, braula coeca yTropilaelaps
Una gran variedad de ácaros que se alimentan de polen puede ser llevados por las abejas pecoreadoras a su colmena; entre éstos están los siguientes:
 Lasioseius muricatus Berlese y ácaros de los géneros Glycyphagus, Tyroglyphus, Neocypholaelaps y Pyemotes. Ninguno de estos ácaros se ha  estudiado lo suficiente como para establecer si afectan o no a las abejas melíferas.




TROPILAELAPSOSIS

 


ETIOLOGÍA
Tropilaelaps clareae, el ácaro causante de la enfermedad es poco conocido y ello puede ser un gran problema al desconocer el mejor método para su control.
EPIZOOTIOLOGÍA.
La fuente de infestación está representada por la abeja adulta y por la cría. El tiempo que pasa el ácaro T. Clareae fuera de las celdillas es muy importante para programar un sistema de lucha. T. clareae sólo pasa fuera de la celdilla una media de 1,6 días. Las principales causas de la expansión de la Tropilaelapsosis son: el pillaje, la deriva, las transacciones comerciales, la enjambrazón natural, el ir y venir de los zánganos, las manipulaciones descuidadas del apicultor y la trashumancia no controlada de las colmenas.

 Tropilaelaps clareae

SINTOMATOLOGÍA.
La investigación y bibliografía sobre esta parasitosis es muy escasa y sólo se refieren al control con productos ya utilizados en la Varroosis. Parece lógico pensar que si el ácaro desarrolla gran parte de su vida en el interior de las celdillas con cría y las parasita, los síntomas de las abejas cuando nacen serán similares a las provocadas por V. destructor: abdomen acortado, alas atrofiadas y otras malformaciones anatómicas.
DIAGNÓSTICO.
En estos momentos la enfermedad no ha sido diagnosticada en Europa por lo que es muy importante realizar diagnósticos precoces cuando se conozca su existencia.
Clínico.- Si tenemos en cuenta la sintomatología de la enfermedad, es fundamental llevar a cabo una inspección profunda de las abejas, de su comportamiento y sobre todo de los cuadros con cría.


 varroa y Tropilaelaps clareae
Farmacológico.- El diagnóstico se puede llevar a cabo por métodos químicos, utilizando moléculas acaricidas, que fuerzan la caída de los parásitos.
Laboratorial.- Un método consiste en tomar una muestra de abejas, e introducirla en una solución de alcohol al 25%. Después de una breve agitación, dos minutos, se retiran las abejas y los ácaros se han desprendido de sus hospedadores. Otro método, que puede considerarse como complementario del anterior, y en este caso más importante, consiste en desopercular celdillas, con el fin de observar hembras de T. clareae o formas inmaduras.
Diferencial.- Es preciso hacer un diagnóstico diferencial con Varroa destructor existiendo, no obstante diferencias con la forma del cuerpo.



TRATAMIENTO.
Desconocemos cómo se comportará el ácaro Tropilaelaps clareae con los tratamientos aplicados a Varroa destructor, si bien entendemos que al ser también ácaro los productos utilizados en la actualidad y las formas de actuación tendrán su validez. Hay que hacer constar que los acaricidas de acción puntual tienen menor efectividad en el control de este ácaro que en el caso de V. destructor. Ello se debe al escaso tiempo que T. Clareae está sobre las abejas adultas.
Jesús Llorente veterinario

ACARIOSIS


                         


Es una parasitosis contagiosa, a veces epizoótica, con invasión del aparato respiratorio de las abejas adultas, focalizándose, preferentemente, en el primer par de tráqueas, que puede ocasionar la muerte de la colonia infestada.
DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA.
La acarapisosis, descubierta en Gran Bretaña, fue confundida con la enfermedad de la isla de Wight, hasta que en el año 1921 Rennie precisó su etiología. La enfermedad fue diagnosticada en el continente europeo en los años 20, en Centroeuropa y años más tarde en España, causando siempre una alta mortandad en las colonias de abejas. Hoy está extendida por todo el mundo.



IMPORTANCIA ECONÓMICA.
Si en los años 30 el parásito fue la causa de la pérdida de gran número de colonias, hoy en día se considera quealgo menos del dos por ciento de estas muertes se deben a la acarapisosis, y de estas últimas hay que tener en cuenta el agravamiento del proceso patógeno por la presencia, en muchas ocasiones, del virus de la parálisis crónica (CPV). No obstante, la pérdida de colonias de abejas causa a los apicultores una merma de sus cosechas y, de forma indirecta, las abejas no ocupan el espacio que les corresponde en la polinización de plantas.
ETIOLOGIA.
El parásito causante de la acarapisosis fue descubierto por Rennie en 1921 y se le designo bajo el nombre de Tarsonemus woodi, que fue cambiado por el actual Acarapis woodi, por Hirst. Pertenece al tipo Artropoda, clase Arachnida, orden Acarina, familia Tarsonemidae y es parásito específico de la abeja de la miel. Existe un claro dimorfismo sexual, siendo el macho (85-116 μm x 57-85 μm) más pequeño que la hembra (80 μm x 120 μm). Además, el primero tiene las patas más largas, presentando, en la parte dorsal de su cuerpo tres segmentos, mientras que la hembra presenta cinco segmentos. En la hembra, a cada lado de sus piezas bucales adaptadas para picar y succionar se inicia el aparato respiratorio, que falta en el macho. Disponen de pelos olfativos, que se encuentran en los extremos de los dos primeros pares de patas y en el macho, también en el cuarto par, estando más desarrollados en éste para la búsqueda de las hembras en las tráqueas. El intestino está formado por un tubo longitudinal, con una fuerte musculatura, que le permite una aspiración importante. La hembra tiene un ovario y un oviducto en el que se pueden ver, a veces, dos huevos. Para los desplazamientos utilizan sobre todo el segundo y tercer par de patas. Tienen un color ligeramente amarillo parduzco y un aparato bucal picador chupador.
 ciclo del ácaro en la abeja
HOSPEDADORES: FACTORES DE LA RECEPTIVIDAD.
La acarapisosis afecta a las abejas adultas de la colonia y Acarapis woodi parásita de igual forma a la reina, a las obreras y a los zánganos. El ácaro se instala de forma casi exclusiva en el primer par de tráqueas torácicas, que son más grandes que el resto (200 μm), lo que permite la penetración del parásito. No obstante, se han encontrado ácaros en los sacos aéreos de la cabeza y del tórax de la abeja, consecuencia de la migración interna de Acarapis woodi. La edad juega un papel primordial en la receptividad del ácaro. Las abejas están libres de este parásito cuando nacen, pero son las más receptivas, pues si tienen contacto con abejas viejas infectadas pueden ser afectadas hasta en un 90 por ciento de los casos, disminuyendo este porcentaje al 50 por ciento cuando las abejas tienen dos días y ser menor del 10 por ciento cuando el hospedador alcanza la edad de cinco días Esta disminución de receptividad es de origen mecánico y no inmunológico. Ello es debido a la barrera que ofrecen los pelos de la abeja, que rodean los estigmas torácicos, se van espesando y endureciendo, lo que permite salir al parásito, pero no entrar. La raza parece no tener ninguna influencia en la receptividad del parásito.
EPIDEMIOLOGÍA.
La acarapisosis es una parasitosis dependiente de muchos factores ecológicos. Tiene carácter endémico en determinadas comarcas y en otras se presenta sólo esporádicamente. La hembra fecundada penetra en la tráquea de la abeja y a los cuatro cinco días realiza la puesta, que no es muy abundante, cinco-seis huevos. Larvas que tienen forma de saco y con sólo el primer par de patas desarrollado, ya consumen hemolinfa del hospedador y pasados seis-siete días se convierten en deutoninfas con cuatro pares de patas, que posteriormente dan lugar a ácaros adultos. a duración total del desarrollo del ácaro desde la eclosión del huevo hasta la formación del ácaro es de 11-12 días para los machos y de 13- 16 días para las hembras. Éstas, una vez fecundadas, abandonan la tráquea poco después y por contacto, pasan al sistema traqueal de otra abeja. El hecho de que las abejas viejas infestadas, por escasez de alimento o por malas condiciones meteorológicas, estén en el interior de la colmena, aumenta las posibilidades de propagación de la enfermedad. Es frecuente un cierto periodo de latencia de la enfermedad, pues la tasa de multiplicación del ácaro en las colonias de abejas es baja. En verano mueren muchas abejas infestadas, y por ello, la presión parasitaria disminuye. El buen tiempo y la abundante floración hacen que, en muchas ocasiones, no se valore la peligrosidad de esta parasitosis, ya que se produce una regresión espontánea de la enfermedad, que se debe a la baja tasa de reproducción del ácaro y a la relativa brevedad de la vida de las abejas obreras (30-40 días). En invierno, cuando las abejas viven más tiempo, los ácaros pueden ejercer mejor su acción patógena. Sin embargo, el ácaro soporta con más dificultad las temperaturas bajas que el calor, pues a 15º C sus movimientos son lentos, siendo normales a los 30-34º C. La humedad ambiente baja le perjudica y la alta favorece su desarrollo. El olor de las abejas no influye en la orientación del ácaro en la búsqueda del hospedador y puede vivir escaso tiempo en las abejas muertas (12-15 horas), al igual que sucede en el exterior de las abejas, pues necesita alimentarse. La vida media de un ácaro es de 15-20 días. La transmisión de la enfermedad en un colmenar se realiza por la deriva, el pillaje y los errores de manejo del apicultor; entre colmenares distantes, por la enjambrazón natural, por la trashumancia no controlada y por las transacciones comerciales.

 tráquea infectada

PATOGENIA.
Acarapis woodi, en el interior del primer par de traqueas torácicas, produce una obstrucción mecánica en las vías respiratorias y con ello impide la llegada de oxígeno a zonas musculares importantes y centros nerviosos. Se han encontrado hasta 60 ácaros de una tráquea. Los parásitos rompen los tejidos traqueales, lo que posibilita la entrada de bacterias y virus, utilizando para ello su poderoso aparato bucal, y consumen la hemolinfa que circula por las masas musculares que rodean la tráquea, depositando toxinas en la misma. El primer par de tráqueas torácicas se encuentran a la altura de la articulación de las alas. Debajo de esta articulación hay un sistema neuromuscular complejo, que es afectado por el parásito.
CLÍNICA: SÍNTOMAS.
La sintomatología de la enfermedad no es precisa ni característica. Cuando la infestación es leve no se manifiestan síntomas y las abejas continúan sus trabajos de forma habitual. La parasitosis puede tener un largo período de latencia, dos-tres meses, en los que no se presentan síntomas. Cuando la enfermedad se agrava y la obstrucción traqueal es importante, se produce una perturbación del vuelo del insecto, iniciando el ascenso para caer al suelo e intentar, con una reptación lenta, introducirse otra vez en la colmena. Las alas presentan un posición anormal, perpendiculares al cuerpo y caídas, como dislocadas. La enfermedad puede estar desarrollándose durante el invierno y al final de éste o inicio de primavera, con una infestación superior al30 %, provocar una muerte importante de abejas. Se produce un incremento en el consumo de alimentos, lo que provoca, al tener dificultades con el vuelo, una repleción excesiva de la ampolla rectal de las abejas, que presentan un abdomen dilatado, lo que puede dar como resultado una disentería.
LESIONES.
Los ácaros, larvas, huevos, restos de muda y deyecciones provocan una disnea debido a la obstrucción que producen en el hospedador y las tráqueas pierden su permeabilidad y elasticidad, se hacen quebradizas y el depósito de toxinas en la hemolinfa puede provocar una septicemia en el hospedador. La zona muscular existente en la articulación de las alas está dañada y se produce una degeneración muscular.

 acarapis woodi

DIAGNOSTICO
Clínico.- La constatación de los síntomas indicados anteriormente no permiten asegurar que una colonia está parasitada por Acarapis woodi, si bien las abejas infestadas que pasan el invierno, después del período de latencia, presentan una sintomatología más clara. La observación de las colonias durante el verano con el fin de detectar síntomas de acarapisosis, pocas veces proporciona datos fiables, debido a que en esta época, la corta vida de las abejas impide el desarrollo de los ácaros, cuya multiplicación es relativamente lenta.
Laboratorial.- 
Para diagnosticar la acarapisosis es imprescindible la investigación microscópica y descubrir por disección el primer par traqueal, asiento principal de Acarapis woodi. La muestra de abejas a analizar debe reunir unas condiciones adecuadas, pues de lo contrario es muy difícil realizar un diagnóstico seguro, cuando el material está enmohecido o muy seco. Las tráqueas se presentan, en observación a pocos aumentos, como cordones plateados, en caso positivo tienen un color pardo oscuro, aparecen rotas y son más frágiles que en las abejas sanas. Utilizando un mayor aumento y colocando el sistema traqueal en un porta con una gota
de ácido láctico se observan los ácaros adultos, las formas inmaduras, los huevos y las melanizaciones en el interior de las tráqueas.
Diferencial.- La permanencia, en determinados momentos, en el exterior de la abeja de Acarapis woodi nos obliga a realizar un diagnóstico diferencial con otros ácaros externos: A. dorsalis, A. externus y A. vagans, que son apatógenos.
PRONÓSTICO.
La acarapisosis es una enfermedad muy grave, pasado el periodo de latencia, y puede ocasionar importantes pérdidas en colonias de abejas, fundamentalmente a la salida del invierno e inicios de primavera. La difusión de la enfermedad en el mismo colmenar y en colmenares vecinos es bastante rápida y justifican la toma en consideración de medidas sanitarias que impidan la pérdida total del ganado en una explotación apícola. En los últimos años, el tratamiento de forma sistemática contra V. destructor con acaricidas de acción sistémica o por tira fumígena ha disminuido de forma importante la presentación de esta enfermedad.


TRATAMIENTO
En todos los casos el tratamiento debe ir dirigido a los ácaros adultos, ya que las larvas y las formas inmaduras son menos afectados por los acaricidas, debido a su inmovilidad. Los huevos no son afectados por los tratamientos. Hay que tener en cuenta que la mayor y mejor eficacia del tratamiento acaricida se logra cuando la totalidad de los individuos de la colonia se encuentran en el interior de la colmena. Es necesario realizar un tratamiento general a todo el apiario, una vez que haya sido diagnosticada la presencia de A. woodi. Es preciso diferenciar los tratamientos líquidos de los gaseosos. Entre los primeros tenemos el salicilato de metilo, que desprende vapores a temperaturas de 18º - 20º C. Se requieren tres tratamientos con intervalos de 10 días, utilizando para ello un sistema que asegure una lenta evaporación. Los resultados son aleatorios. Cristales de mentol también se utilizan para el tratamiento de la acarapisosis. Se solubiliza en alcohol y la evaporación es más rápida cuanto mayor sea la concentración del disolvente. El mentol debe estar colocado en la parte superior de la colmena; debe repetirse el tratamiento tres veces a intervalos de tres semanas. Los productos que necesitan evaporarse para actuar, su acción está mediatizada por la temperatura ambiente. Con temperaturas bajas no se evapora y con altas temperaturas la evaporación es tan rápida que puede afectar de forma negativa tanto a la cría como a las abejas adultas. Los tratamientos gaseosos que tienen la limitación de su utilización con temperaturas muy bajas, que disgregaría la “piña” de abejas. El Bromopropilato como principio activo presentado en tiras fumígenas comporta la utilización, cada siete días, de una tira por colmena, siendo necesario repetir el tratamiento siete - ocho veces. Los productos sistémicos tienen acción contra Acarapis woodi por estar presentes en la hemolinfa de la abeja y ésta ser consumida por el parásito. Todos estos tratamientos deben realizarse al inicio de primavera, para evitar posibles contaminaciones de los productos apícolas. Actualmente el tratamiento realizado con acaricidas para el control de V. destructor (Varroosis) actúa de forma indirecta sobre la acarapisosis, lo que incide sobre la presentación de esta enfermedad.
  1. tráquea normal 2.estadio inicial de infección
3.tráquea obstruida por el ácaro
                                                  PROFILAXIS.
Diagnosticada de forma precoz la enfermedad, es conveniente aislar las colonias infestadas y se puede aprovechar de ellas la cría para reforzar a otras colonias sanas. La miel dejada en la colmena para alimento invernal debe ser abundante. Es adecuado elevar las colmenas del suelo para evitar la humedad, así como impedir que las abejas infestadas y fuera de la colmena vuelvan a entrar en la misma. Hay que evitar la deriva, el pillaje y los errores de manejo del apicultor, como medios más adecuados para no difundir la enfermedad. El apicultor facilita la lucha contra esta enfermedad cuando trabaja con colonias vigorosas y reinas jóvenes con un gran potencial de puesta.

Jesús Llorente Martínez
Dr. Veterinario

POLILLA DE LA CERA


Las polillas de la cera pertenecen al orden Lepidoptera, familia Pyrlidae o Cambridae, siendo el rango de distribución geográfica de estas especies el mismo que el de la Apis mellifera. Se distinguen dos especies:
Galleria mellonella, polilla grande o falsa tiña
Las hembras son mariposas de hábitos nocturnos, de color gris, tienen una longitud comprendida entre 8 y 17 mm y una envergadura alar que varia entre 14 y 38 mm
Achroia grisella, polilla  pequeña o tiña verdadera
Las hembras son más pequeñas que la de Galleria mellonella y su envergadura alar no sobrepasa los 23 mm y su longitud es de aproximadamente 10 mm



CICLO BIOLÓGICO DE GALLERIA MELLONELLA
 Huevo: dependiendo de la temperatura. Eclosionan en 5 a 8 días, a una temperatura de 24 a   27º C Mientras que a una temperatura de 10 a 16 ºC lo hacen a los 35 días. Por debajo de los 9 ºC no hay postura.
 Larva: la larva pasa de 1 a 23 mm en 28 días en una temperatura que va de los 29º a 35 ºC.
 Pupa: tarda 9 semanas en un rango de temperatura que va de los 29 a 35º C.
 Imago (adulto): sobrevive de 1 a 3 semanas, en un rango de temperatura que va de los 29º C  a 35º C.  Pone entre 300 y 1000 huevos
El ciclo vital de la polilla consta de cuatro etapas. En la primera de ellas, el huevo es diminuto, y a menos que se busque de manera específica, lo más común es que pase desapercibido. Los huevos se suelen depositar en fisuras entre componentes de la colmena.
larva de la polilla de la cera  Galleria mellonella
En un período de cinco a ocho días se incuban los huevos de la polilla de la cera, pasando al segundo estadio, la etapa larvaria. Las larvas horadan la cera del panal y se alimentan allí durante uno a cinco meses, dependiendo de la temperatura. Al alcanzar su pleno crecimiento las larvas tienen una cápsula capital dura y de color oscuro, tres pares de patas segmentadas y varios segmentos corporales. Inicialmente son blancas, y con la edad adquieren un color gris oscuro; su tamaño es de unos 2 cm de longitud.
PATOGENIA
Las abejas adultas no son afectadas por las polillas. Son los cuadros móviles con los panales de cera los atacados. Este no es un daño menor, pues son el capital más importante con que cuenta un apicultor, en virtud de la gran dificultad y costo energético de las abejas para estirarlos. El daño al material de madera es menor si lo cuantificamos. Los cuadros apolillados son identificados visualmente por el apicultor en forma automática, si revisa el material.
La polilla adulta de la cera posee una aguda capacidad sensorial para encontrar y usar la cera de las abejas. Le resulta fácil penetrar en las colmenas de abejas para poner sus huevos, aunque normalmente las abejas mantienen sus números bajo control. La polilla adulta de la cera tiene la boca atrofiada, no se alimenta, y por tanto no causa daños. Sin embargo, la polilla adulta de la cera y sus larvas pueden actuar de vectores para la transmisión de graves enfermedades de las abejas, como por ejemplo la loque.
 Son las larvas y no la polilla adulta que ingieren el polen y el panal. Causando verdaderos daños dentro de la colmena, con las consecuentes perdidas económicas para el apicultor.       
Es en estos casos, de infestación grave, que pueden encontrarse en el mismo lugar las cuatro etapas de su vida, junto con los túneles de seda que atraviesan los panales y los depósitos de material fecal oscuro. Con una gran rapidez, lo único que queda es escombros arenosos de restos de panales depositados en el fondo, y remanentes de capullos. Muy poco o nada de los panales sobrevive al paso de una infestación de polilla de la cera.


DIAGNÓSTICO 
Clínico: la presencia de polillas adultas, larvas en distinto estado de desarrollo, ninfas, deyecciones, cuadros destruidos, son signos evidentes para el diagnóstico sin ningún género de dudas de este enemigo de las abejas.
Diferencial: el diagnóstico diferencial relativo a distinguir una u otra polilla, se realiza por el tamaño de los adultos y por la disposición, galerías rectas y cría tubular, de los daños ocasionados, siendo mucho más frecuente y más peligrosa Galleria mellonella que Achroiagrisella.
TRATAMIENTOS CONTRA LA POLILLA
Orgánicos
  Bacillus thuringiensises un bacilo común para control de larvas de lepidópteros. Este bacilo al ser ingerido por las larvas destruye el epitelio intestinal paralizándolas. No actúa sobre las polillas adultas. La proporción a utilizar es la de 1cm³ de producto comercial diluido en 17 cm³ de agua, y pulverizar los cuadros que se quieren proteger. Su efecto depende de condiciones ambientales. El producto a utilizar se llama Dipel.
 Ácido acético- glaciar: este ácido controla huevos y larvas, debiendo cubrirse con una carpa de plástico a fin que sus vapores trabajen.
 Ácido fórmico- tiene un efecto similar al del ácido acético.
Fundición de las ceras afectadas
 Frío- es suficiente con exponer los cuadros tres horas a –12 ºC de exposición para destruir las polillas. En los países de climas fríos los apicultores apilan las alzas con cuadros al aire libre, para que las heladas hagan su trabajo.

  pupa de galleria mellonera 
Agentes químicos
 Sulfuro de carbono Es eficaz, aunque no destruye los huevos de la polilla. La dosis de aplicación es de 100 g/m en cámara de desinfección. Su uso debe ser restrictivo, pues es inflamable en estado líquido; el gas que produce es explosivo y sus emanaciones tóxicas para el hombre. Al no ser ovicida hay que repetir el tratamiento cada cierto tiempo.

 Anhídrido sulfuroso llamado también dióxido de sulfuro. Se debe quemar azufre para que se desprenda el gas. Se eliminan larvas y adultos, pero no los huevos, es necesario repetir el tratamiento cada tres semanas, para matar las larvas que van naciendo. La dosis a utilizar es la de 100 g/ .
 Achroia grisella, polilla chica o tiña verdadera

   Dibromuro de metilo o bromuro de metilo. Muy peligroso para el manejo que debe realizar el apicultor, es sumamente efectivo, no deja rastros de vida. Es necesario hacer una carpa plástica para que el líquido que viene en latas tipo latas de cerveza, evapore y llegue a todo el material. La dosis a emplear es la de 60 g / en cámara de desinfección. Existen comercialmente pastillas denominadas Fosgas que puestas en contacto con el aire emanan el gas. No dejan rastros contaminantes.

   Paradiclobenceno Se utiliza también en la lucha contra la polilla. La dosis es de 100 g/. Repetir el tratamiento cada cuatro semanas, pues no es ovicida. Es un producto inofensivo para el hombre. Tiene buen control pero tiene efecto tóxico para las abejas adultas.