lunes, 6 de febrero de 2017

LA DERIVA DE ABEJAS A OTRAS COLMENAS

Las abejas tienen su propio sistema de aduanas, y llegan a aceptar hasta un 30% de abejas de otras colmenas.


Emigrar no es algo exclusivo del ser humano. Muchas otras especies de animales cambian de hogar 

en función de los recursos de una zona. Lo que ya no es tan común es que organicen su propio 

sistema de aduanas para chequear a los visitantes. Las abejas son un sorprendente ejemplo.
Cuando cumplen dos o tres semanas de vida, entre un 10 y un 15% de las abejas se convierten en guardianas. Son como los soldados que defienden las entradas de la colmena de depredadores. Un equipo de la Universidad de Brisbane, en Australia, lleva años investigando el comportamiento social de las abejas, y ha llegado a la conclusión de que esas abejas guardianas no solo protegen la colmena de la entrada de avispas y otros depredadores, sino que trabajan como auténticos agentes de aduanas, examinando con detalle a las abejas que llegan desde otras colmenas.
La  deriva es la migración de abejas entre colmenas y es un fenómeno bastante común. A veces se produce por simple confusión de los insectos, que regresan a una  colmena diferente de la suya. A su llegada, los inmigrantes son recibidos por las abejas guardianas que se toman hasta medio minuto para revisar la firma química de la recién llegada. Si su huella coincide lo bastante con la de la colmena, la abeja es bienvenida. En poco tiempo, las sustancias (diferentes tipos de hidrocarburos) que identifican a la colmena impregnan a la inmigrante hasta hacerla indistinguible del resto.

En circunstancias normales, las colmenas aceptan, de media, un 30% de las abejas inmigrantes que llegan a sus puertas. Sin embargo, no todas pasan el filtro. A veces hay abejas que tratan de entrar en otras colmenas a robar miel. Las guardianas son especialmente hábiles en reconocer a estos insectos oportunistas por su manera de comportarse y los expulsan sin contemplaciones.
La huella química no es el único factor que decide si una abeja inmigrante entra o no. Los resultados de la investigación aseguran que los recursos disponibles en la colmena juegan un papel crucial. Se ha comprobado que si la comunidad tiene abundante miel y celdas libres las fronteras pueden llegar a abrirse del todo. Las guardianas solo se preocupan de detener depredadores, no a otras abejas. En cambio, si hay escasez de recursos, las entradas pueden llegar a cerrarse hasta el punto de no dejar entrar a ningún extraño. En esos casos, las guardianas se muestran especialmente agresivas y no se limitan a ahuyentar a abejas extrañas, sino que pueden llegar a matarlas. 

BIBLIOGRAFIA
www.newscientist.com
http://jeb.biologists.org/content/219/22/3505

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